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"Los nuevos góticos" Introducción.Introducción del libro “Los nuevos góticos”
Poe descubrió el modo de sumar la sensibilidad al decorado del género. La mente de Roderick Usher es tanto un reflejo de su casa como su casa lo es de su mente, Cuando una se resquebraja, la otra también lo hace: <<y a mis pies el profundo y corrompido estanque se cerró sombrío, silencioso, sobre los restos de la casa de Usher>>. En relatos como éste, clima, paisaje, edificios, herencia y rasgos psicológicos parecen fundirse entre sí hasta que resulta imposible distinguir una figura de sus metáforas. La aleación de tales elementos pone en marcha un proceso de regresión, de decadencia, un colapso hacia el estado de unidad primordial; en otras palabras, una muerte. Que es, de hecho, de lo que el gótico siempre ha tratado, a pesar de que a menudo lo hiciera con rodeos y elipses, evitando hablar de la cosa en sí y ocupándose de sus repercusiones y efectos colaterales. En tanto Poe veía la posibilidad de aunar su propia motivación como escritor a los elementos elementos históricos que definían el género a fin de sondear con mayor sutileza los rasgos de la locura y las profundidades del trastorno espiritual, el nuevo autor gótico tomará como punto de partida la preocupación respecto de la entropía interna –colapso espiritual y emotivo- y tratará la decoración propia del género desde una óptica contemporánea. La noche continúa siendo tan oscura como siempre pero las calles que recorremos, las casas que habitamos no podrían ser más distintas. La tradición gótica es en verdad fascinante. Varios factores propiciaron su nacimiento, incluida la teoría de que lo horrendo y lo terrible eran fuentes legítimas de lo sublime. Otra de sus influencias, el culto a la Naturaleza, alcanzó su punto álgido en Sade, quien consideraba el relato de terror como un producto de la convulsión revolucionaria; así, en 1800 escribía: <<ya no quedaba nadie que no hubiera sufrido en cuatro o cinco años más desgracias de las que los novelistas más famosos habían descrito durante todo un siglo: para llamar la atención había que invocar el infierno>>. Concurría, por fin, una arraigada atracción por la lánguida melancolía de las ruinas, atracción que ahora adquiría matices un tanto siniestros. Si bien se atribuye a Orase Walpole la primera novela gótica, El Castillo de Otranto, datada en 1765, la de Matthew Lewis, que describe vívidamente el derrumbe espiritual del malvado sacerdote Ambrosio, su violación de una hermosa doncella en la sombría cripta de una iglesia y su condena final. Su publicación en el año 1796 causó enorme polémica. Lewis (que contaba veinte años) y su editor fueron procesados, y la novela se confiscó. Ya en sus tímidos inicios mostraba el género gótico su tendencia subversiva. Pasadizos subterráneos, bóvedas, mazmorras, sótanos: he aquí los ingredientes de los primeros narradores góticos. ¡Cuánta claustrofobia y soterramiento! Cada uno de estos elementos era un nítido remedo del sepulcro y constituía un espacio propicio para la inversión, donde el terror y la sinrazón subvertían la sensatez y la racionalidad, donde la pasión se transformaba en malestar, el amor en odio y el bien engendraba el mal. La ambientación de El Monje es un buen ejemplo de ello, pues allí la casa del Señor se ve reflejada, con una simetría espantosa y perfecta, en las desoladas bóvedas inferiores, donde Ambrosio mancilla brutalmente la honra de la muchacha virgen. Entonces, como ahora, el gótico se deleitaba en desplazarse hacia el extremo más oscuro de las oposiciones que iba encontrando. El siglo diecinueve fue testigo de un glorioso florecimiento del relato gótico. Tal vez Cumbres borrascosas sea un ejemplo más brillante, sobre todo al expresar la terrible posibilidad de una pasión tan intensa como para trascender la barrera biológica entre vivos y muertos. El vampiro, cuyos primeros escarceos literarios datan de 1800, es también una criatura biológicamente anómala, caracterizada por su incapacidad para descomponerse, así como por una sexualidad perversa y depredadora. En gran parte de los mejores trabajos de Poe se observa una recurrencia similar, la fascinación obsesiva por la necrofilia, presumiblemente la más radical de las transgresiones. (Existe incluso un aspecto gótico en lo que se considera como una de las glorias cumbre del realismo decimónico, el Middlemarch de George Elliot, presente en el personaje de Casaubon, el estudioso de los mitos universales, de ropajes negros y polvorientos, figura letal cuyo pequeño triunfo consiste en forzar brevemente a la heroína Dorotea para que participe en su mórbida y fantasmagórica labor.) Pero la figura central de esta tradición es Poe; pues, si bien extrae del siglo dieciocho sus decrépitos castillos y sus ruinosas criptas, presagia a su vez el siglo veinte con sus borrachos dementes, sus paranoicos y neuróticos, trazando así una senda a través de la penumbra que luego explorará el más grande de sus seguidores, el psicólogo Freíd, al crear algunas de las más inspiradas narraciones del género, los escalofriantes y macabros <<casos clínicos>>. Nos encontramos en los estertores de un siglo cuya historia se ha visto salpicada por los impulsos más negros de la naturaleza humana. La perspectiva del Apocalipsis –de índole más científica que divina- ha redefinido la psique contemporánea. El consuelo que las almas de Occidente hallaban en la religión se ha desvanecido; Fausto ya no se enfrenta a un abismal Mefisto antitético de la divinidad ni Ambrosio está condenado a penar para siempre en el infierno cristiano. El infierno no se encuentra ahora en la tierra, localizado en las criptas y sótanos de nuestra mente. Es indiscutible que los narradores góticos del pasado crearon una visión artística destinada a revelar las facetas más lábiles del alma humana; ahora bien, el planteo que avala esta antología de cuentos y extractos de novelas es que en este mismo impulso continúa presente en gran parte de la ficción contemporánea de habla inglesa. Si bien despojados del andamiaje convencional del género, los temas que nutren estos textos –horror, locura, monstruosidad, muerte, enfermedad, terror, maldad y sexualidad insana- son vívidos reflejos de la sensibilidad gótica. Si Poe tropezase con esta colección, quizá podría sorprenderse por la diversidad de estilos y escenarios, pero sin duda alguna reconocería y aplaudiría el espíritu que los anima. Es la nueva narrativa gótica.
Bradford Morrow y Patrick McGrath Nueva York, enero de 1991
Ama como si nunca te hubieran herido, baila como si nadie te estuviera viendo, canta como si nadie te oyera, trabaja como si no necesitaras el dinero, vive como si hoy fuera tu ultimo dia (alfred d'souza)
Espero que os guste, un saludo |
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